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El país del nunca jamás

Julio Ligorría Carballido 

A medida que avanzan los proyectos de los corredores interoceánicos en Nicaragua, Honduras/El Salvador y de Guatemala, la crítica y la descalificación van en aumento. Es una reacción lógica de muchas personas que tienen poca fe en nuestros pueblos, donde la corrupción se convirtió en factor de manejo común, como lo es en la totalidad de las naciones de este planeta, no somos los únicos. Pero es entendible el escepticismo ante proyectos que implican decenas de miles de millones de dólares en inversión, así ha sido, así es y así será.

Debo admitir que hace casi un año, cuando recibí información sobre el tema, también tuve dudas. Opté, como optimista empedernido, por profundizar tanto como fuera posible antes de asumir una posición concreta de apoyo o rechazo, porque a lo que me decían los promotores del Canal Interoceánico de Guatemala tuve que sumarle el sentir de mucha gente que durante casi un año pude conocer, unas de forma casual, otras intencionalmente. Así fui enterándome de una perspectiva ajena a los promotores, una que comparten los técnicos, los campesinos beneficiados y las comunidades que ven en este plan un oasis en pleno desierto.

He contrastado la información comprobable que hay sobre esta iniciativa con las expectativas en otros países. Y al final tengo en mente una idea puntual: el proyecto tiene pies y cabeza, no costará un centavo al pueblo y es privado, con accionistas que hacen agricultura de subsistencia en un clima inhóspito, junto a un puñado de soñadores que han arriesgado su capital acompañado de consultoras de primer nivel europeo, porque tienen fe en un proyecto técnico de gran alcance. Esa gente que está buscando una oportunidad para progresar es la que me hace pensar en que aquellos asaltantes con licencia no podrán chantajear o corromper el proyecto. Por supuesto, el éxito dependerá de variables de distinta índole con las que deben lidiar los promotores.

Creo que el proyecto y lo que han anunciado sus promotores bien valen la pena el esfuerzo de informarse antes de despotricar en contra o, peor aún, antes de sentenciarlo a ser un fracaso.

Grandes proyectos equivalentes en cuanto al beneficio que implicaron para sus países como el boom minero de Perú pasaron por las mismas etapas. Fueron criticados y descalificados de antemano. Fueron el hazmerreir de los críticos que jamás les dieron ni siquiera el beneficio de la duda. Y cuando finalmente comenzaron a realizarse, fueron blanco de la protesta y el sabotaje de quienes querían un pedazo de los beneficios sin trabajar por ellos y por quienes jamás pensaron en su país. Para llevar adelante el desarrollo minero peruano fue preciso imponer la ley: 300 estados de Sitio fueron precisos para garantizar el marco legal, que finalmente derivó en un estado de bonanza y crecimiento económico sin precedentes en esa nación.

Lo que sí creo que está en la misma circunstancia es la fe de un pueblo en los grandes proyectos. Una gran realización comienza con un gran sueño. Queda claro que quien no sueña no puede proyectar, quien no proyecta nunca podrá administrar, quien no administra no puede implementar y quien no implementa jamás puede ganar. Y para quienes escribimos, los grandes proyectos deben ser una razón para investigar, comprobar y opinar. Lástima por aquellos que pierden el rigor, porque les carcome la envidia o porque se prestan al juego de inconfesables intereses que nada tienen que ver con la Guatemala posible, sino que tienen que ver con el país del nunca jamás.

 

Guatemala, 7 de Agosto, 2013