“Necesitamos una buena política antes que ensayar nuevos modelos”

 

Un saludo desde Madrid

Los procesos electorales y la práctica política ocupan, sin duda alguna, un sitial de especial interés dentro del orden mundial. Respetar los procesos democráticos y hacer que las sociedades caminen adecuadamente generando bienestar es un indicador de desarrollo que, queramos o no, define a las naciones.

Por eso es que la actividad política siempre es importante. Para ponernos en contexto, baste decir que la política es la búsqueda, captura y ejercicio del poder. Así que ese proceso relacionado con el mando, el poder, define el carácter de los pueblos y hace referencia a cómo se presagia el futuro de la humanidad. Quienes más respetan el ejercicio político, tienden a construir mejores sociedades; contrario sensu, quienes menos aprecio manifiestan en esos procesos, menos expectativas generan y construyen en tiempo presente y futuro.

Por eso y por las frustraciones sociales que la búsqueda del poder genera, se escucha con bastante frecuencia hablar de que nuestras naciones necesitan un nuevo orden político.

Disiento de ello. Creo que necesitamos una buena política antes que jugar a reinventar o a ensayar nuevos modelos.

Me explico: como ocurre en muchos otros campos de la actividad humana, en política se critica a los sistemas y se descuida a quienes interaccionan en ellos. Se cuestiona las herramientas y se omite la evaluación de quienes emplean esos recursos. Se critica al sistema democrático y al poder, pero se omite el juicio a aquellas personas o grupos que dominan el contexto y buscan dominar a pueblos y gobiernos.

Mi reflexión va en torno a si la falla está en el sistema o en los protagonistas. Muchos modelos democráticos han colapsado porque no dan resultados. Olvidamos al hacer esta observación, que quienes han echado a perder los actos de gobierno son, generalmente, quienes gestionan el poder. Entonces vemos que la responsabilidad de que las cosas no funcionen están generalmente en los políticos, los gobernantes y hasta los ciudadanos porque es en esas instancias en que se admite la ruptura de la ley, se desoye el reclamo de los gobernados y se rompen las promesas hechas durante la búsqueda del poder.

Por eso digo que necesitamos una buena política y mejores políticos para hacer que los sistemas ya establecidos función. La solución no está en cambiar el modelo político porque los protagonistas y los gestores seguirán siendo los mismos.

Creo en los procesos de renovación. Los seres humanos tendemos a evolucionar, generalmente hacia metas positivas. Y la actividad política no es la excepción. No obstante, dentro del mismo razonamiento creo que debemos mejorar la aplicación de los modelos ya existentes antes de aspirar a implantar nuevos órdenes políticos porque el factor que introduce el error sigue presente en esa ecuación: los hombres siguen acarreando en sus maletas los mismos sueños, las mismas debilidades y casi siempre, los mismos defectos para convivir en democracia.

Si los pueblos comprendemos que necesitamos un adecuada gestión política antes que un nuevo orden político, los requerimientos a quienes buscan el poder serán diferentes. Las leyes, por tanto, deberían enmarcarse en esta línea de pensamiento y los criterios deberían contemplar el esfuerzo por aplicar correctamente lo que se tiene antes que pensar en seguir experimentando sin cambiar la práctica básica.

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